No ha llegado la hora

El fuego eterno rige mi vida
En la socavada aura de mi ser,
Ese rostro profundo que se acaba
Se disipa entre negras travesías.

El sabio Tiresias perdió sus ojos
Yo pierdo los míos sin obstáculos,
El placer que me da el no ver a nadie,
Entre muros y estrellas me desespero

Entrego mi vista a la gran montaña
Bajan por mi sus pérfidos destellos,
Me opacan el cerebro y me llevan
A la muerte con cadenas y sin respiro.

Lamento ilusiones todos los días
Al no poder tocar tu dulce canto,
Sigo sentado en la pobreza, llorando
Clavando mis temores en tu sonido.

No me pidas que te sonría, muerte querida
Bien sabes que no te tengo envidia
Tu saliva me distrae en mi agonía,
No cantes más tus vocablos de dolor.

Desaparece de mis ojos incautos,
No los engañes ni los destruyas,
No me susurres al oído tus decisiones
Ni te escondas en mi sombra silenciosa.

He recorrido ya los infiernos
Me atrevo a decir que no recuerdo
Que pusiste tus manos en mi hombro
Me decías acompáñame, con enojo.

Tus amigas se preparaban con los hilos;
Laquesis se aferra y llora con desenfreno
Me acompaña una vez más a mi sendero,
Ese donde provengo con mis martirios y
Sufrimientos.

Comentarios

Anónimo dijo…
Me parece que reflexionar sobre la Vida y la Muerte y aquellas cosas más grandes que nosotros simples mortales siempre son importantes.

Pero desafiarlas y decirle a la Muerte lo que tiene que hacer en un poema, es de bastante valentia y de una alta autoestima.

Pues además con tu porte de informático* , no se imagina uno que tengas tanta sensibilidad.

Pero a veces es bueno equivocarse también.

Felicidades,


Maureen

(Ya me imagino a los informáticos hablando)

Entradas más populares de este blog

Mononoke Hime (1997)

koyaanisqatsi (1983)

Cálculo anti-deciMAL