Ayer conocí a un estupendo mago Mutó mis pesadillas en sosiego Todos mis odios en amores, mis Desavenencias en esperanzas; Me arrojó sin piedad al hondo foso Para que sus leones me comieran El prestidigitador tomó su receta La ingirió en su divino cuerpo Y se dirigió a la laguna celeste, En su mano llevaba una copa Su color dorado me comió los ojos En el pozo observé cómo convirtió El vino y el agua en sangre, Relámpagos en ácida neblina Corazones vacíos en nervios plenos Todas las virtudes en insanos vicios Con su corona desafiante me salvó Transformó mi odio en amor, Mi contradicción en afirmación Mi letargo en cruda viveza Por fin pude alcanzar toda mi bondad Con sus misteriosos pasos se retiró En la capa invisible del infinito, No pudo borrarme todas aquellas Cicatrices que ingerí en mi existencia Pero me pudo mostrar su inteligencia