Mi maestro (Beethoven)

Enciende un piano con su fuego melódico
Dirige sus manos al melancólico teclado
Se escuchan sus delicados sollozos
Están en la sombra de aquellos restos,
Menguante espera con sus falanges
El ritmo y la cadencia de su sinfonía
El mantel y el tapiz ya no escuchan
Los oídos del músico se debilitan.
Conocida tu eterna devoción por Haendel
Y tu gran obra llamada Fidelio, magistral;
Las calles están vacías sin su presencia
La soledad se aparece en todos los sonidos
Cada nota que regaló empieza a sangrar
Como sus tímpanos débiles y elegidos
El hechizo de sus dedos está por terminar
Su tristeza se funde con la agonía de la noche
No habrá Claro de Luna ni Eroica, nunca más.
El poeta musical soltó sus brazos desgastados
Sobre su instrumento apasionado, entre pentagramas
Un coro de arcángeles se aparecen en su lecho
Su luz no creé que el maestro esté muerto
Se oye una nota de un magistral concierto
Bajo las sombras de su camino concurrido
Llegó fría la noche de tu gloriosa partida.
Las botellas de vino no disfrutaste, demasiado tarde
Ya no habrá más Beethoven en las miradas
Ya no lo habrá en las álgidas nubes
Ya no lo habrá en el eco del pianista
Ya no lo habrá en la cadencia de la armonía
No sé quién salió ganando, si los ángeles
O los demás que yacen en los infiernos .

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