Le Mépris (1963)

El cine de Jean-Luc Godard (JLG) siempre resulta difícil de ver (sobretodo para el neófito), este señor fue y seguirá siendo un director que rompe con todas las reglas cinematográficas habidas y por haber, para decirlo de una forma prosaica, ha sido todo un terrorista del sétimo arte. Con su primera película, “Al Final de la Escapada” de 1959, sentó las bases para el tipo de montaje conocido como “jump-cut” (estilo muy utilizado en muchas de las cintas de hoy en día), un tipo de montaje con saltos en la continuidad de la acción; junto a Francois Truffaut y Claude Chabrol fue el gestor del movimiento de la Nouvelle Vague, conocido como Nueva Ola Francesa, un tipo de cine documentalista, de una gramática muy experimental y filmado casi enteramente en locaciones.

Le Mépris (Contempt) es el film más accesible y “fácil” de ver de JLG, ya sea para el primerizo que quiere conocer el tipo de películas que hace este anti-director o bien para los que estámos más acostumbrados a los exabruptos y rupturas presentes en casi todos sus films. Con un argumento algo simplón pero sustancial como es la ruptura evolutiva de una relación de pareja formada por una bella y elegante Brigitte Bardot y el pose señorial de Michel Piccoli, dicha relación se utiliza como transfondo para la verdadera noción argumental que es la realización de una película basada en la Odisea de Homero quien dirigirá un director de renombre (el mismo Fritz Lang interpretándose a si mismo) y en el que Piccoli desempeña el papel de dramaturgo-guionista llevando a cuestas la figura del mítico Ulises.

JLG prácticamente hace una critica sardónica del producto cinematográfico holliwoodense, es decir, el estilo "americano" de hacer películas por aquellos años (cosa que no ha cambiado mucho hasta el día de hoy), como los problemas con los productores ejecutivos, cambios en el guión, el típico productor quisquilloso y de bajo perfil (interpretado aquí por Jack Palance), el uso de técnicas cinematográficas que no son del agrado del director, etcétera . A pesar de que “El Desprecio” puede ser algo lenta, tan solo apreciar su apertura con esa toma abierta acompañada de la música de Delerue o la extraordinaria fotografía de Raoul Coutard en los bellos paisajes de la isla de Capri lo dejan a uno sin aliento y salvan de algun modo algunos trozos de la película que llegan a aburrir un poco. Esta cinta es una extraña mezcla de cine de arte con ligeros tintes comerciales, claro, Godard se dio cuenta de que nunca podía encajar en la industria filmica estadounidense y volvió a un cine más radical y personal, gracias a dios.

Poca razón tenían los hermanos Lumiére al haber apostado que el cinematógrafo era un invento sin futuro, basta con ver esta película para percibir todos aquellos detalles que posee un film y la belleza que hay en cada movimiento de cámara. Si quieren enamorarse del cine como tal véanla.

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